Dios quiere corazones contritos y humillados, rechaza la soberbia y detesta el orgullo. Él habita en la santidad, no en el pecado. Dios trae vida a aquel corazón dispuesto a ser quebrantado y formado.
Dios quiere corazones contritos y humillados, rechaza la soberbia y detesta el orgullo. Él habita en la santidad, no en el pecado. Dios trae vida a aquel corazón dispuesto a ser quebrantado y formado.