Uno de los días más agotadores y eso que no era la novia; pero la premura de las personas, no permite dormir hasta tarde. Dos horas en el salón de belleza se vuelven eternas, es hora del vestido; de invitada claro está. Era un vestido que satisfizo la mayoría de mis expectativas para un evento que era el acontecer familiar, de aquel mes de agosto. Fue una velada inolvidable para los novios; aunque abrumadora para los asistentes.
La idea surgió tras asistir a la boda de un familiar. Durante, el evento había gran cantidad de sonidos desde el momento en que la novia despertó. Y cada uno de los espacios se convirtió en la pieza sonora de un rompecabezas.
Stephania Aldana Cabas -
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