El perdón no es un sentimiento sino una decisión. No debemos esperar para “sentir” el deseo de perdonar, hay que tomar la decisión de hacerlo por encima de nuestros sentimientos. En el momento en que se toma la decisión de sacar el resentimiento de nuestro corazón empieza la sanación. Al principio parece que nada sucediera, pero la voluntad unida a la gracia de Dios va logrando sanar ese sentimiento y crea la convicción del perdón. Con esta decisión se le dice al Señor: “¡yo quiero!” y el Señor responde: “¡yo puedo!