No replico, cedo. Renuncio a pelear inútilmente y caer en un juego de palabras sin sentido. Respeto la posición y creencia de los demás. Me libero de la necesidad de contradecir la opinión de otras personas defendiendo mi postura. No los confronto, no me ofendo ni me enojo con su forma de pensar. Ellos tienen razón desde su punto de vista. Los acepto y no trato de cambiarlos.
No significa resignarme, sentirme impotente, quedarme frustrado. Significa comprender que la relación es más importante que las opiniones. Tener la razón no construye la relación. Valoro la relación por encima de mi razón.
Cedo, renuncio a mi posición y le doy el gusto al otro. Cedo con sabiduría, gano armonía interior y desarrollo de conciencia.
Si no aprendo a ceder me gobierna mi ego, no domino mi mente y me corresponden relaciones de lucha, de agresión y de conflicto.
Callo cuando debo callar y digo lo adecuado cuando debo hablar.
Ahora analizo, verifico y comprendo:
Saber relacionarse es una de las grandes materias de la vida. Pienso siempre lo mejor, valoro el resultado del amor, y apoyo al otro en su felicidad.
Si cedo y no lucho contra él, gano flexibilidad y pierdo rigidez. Aprendo algo nuevo desde su punto de vista, neutralizo la situación y valoro las diferencias. Aprovecho estas diferencias para trabajar en mí y poder aceptarlo con paz total. Es lo más apropiado para manejar una situación.
No me ofendo y sigo trabajando en mi interior para ser inofendible, invulnerable, imperturbable.
El respeto mejora las relaciones. Es importante aceptar al otro respetando su punto de vista. Para aceptarlo no necesito estar de acuerdo con él. Cedo con comprensión y obtengo paz.
Necesito sabiduría para obtener satisfacción en el compartir con las personas. Gano sabiduría cuando cedo sabiamente.