En el tiempo de confinamiento recordé los Domingos de Ramos, lo que solía hacer en aquellos pueblitos del interior del Estado de Yucatán en México. Poner nuestras manos en disposición para servir a los demás, siempre renueva el alma y es una forma de hacernos más humildes y más cercanos a otras realidades. En la carta de hoy se rememoran aquellas experiencias.