Si una madre, desde un barco, observase que su hijito se tiró de este y se está ahogando en el mar ¿qué no haría? Con absoluta seguridad, esta madre tiraría a su hijito cuerdas, flotadores, tablas, botes salvavidas, e incluso bajaría ella misma a darle su mano. Pero ¿qué pasaría si este hijo no quisiera recibir la ayuda de su madre y en lugar de esto quisiera ahogarse? Quizá la madre, con lágrimas en sus ojos le suplicaría y hasta le gritaría a su hijo que echara mano de lo que le ha dado para que se salve. En este punto del drama la decisión reposa totalmente en el hijo: o corresponde a las súplicas de su madre o… ¡se deja ahogar!