A veces podemos pensar en el crecimiento espiritual como en el crecimiento físico.
Hay cosas que solíamos hacer cuando éramos niños que ya no podemos ni haremos. Nuestra comprensión era débil e imperfecta. Teníamos visiones estrechas e imperfectas de las cosas. Sabíamos poco. Fijábamos nuestra atención en objetos que ahora vemos que tienen poco valor. Adquirimos conocimientos que se han desvanecido o que se han hundido en la inteligencia superior de los años más maduros.