Uno de los sacerdotes más conocidos en la historia decía, en sus últimos años, el mismo sermón todos los días, una y otra vez, y era: “Si sólo supieras cuánto Jesús te ama en el Santísimo Sacramento, te morirías de felicidad”. Después señalando hacia el sagrario, agregaba: “Jesús está realmente ahí”.
La gente venía de todas partes de Francia para oírlo y cada domingo repetía lo mismo. Al tomar conciencia del amor y presencia de Jesús en el Santísimo Sacramento, se conmovía tan intensamente, hasta lo más profundo del alma, que al señalar el sagrario para mostrar a la gente que Jesús estaba realmente ahí, lloraba de alegría. San Juan María Vianney, el cura de Ars, pasaba largas horas, cada día y cada noche, orando ante el Santísimo Sacramento”.