Debemos decir que en cuanto al tema del infierno, en la Iglesia, hemos pasado de un extremo a otro: de hablar excesivamente de él hasta pensar en un Dios terrible y vengativo (edad media), hasta negarlo, pensando en un Dios alcahueta e indiferente ante la injusticia (modernidad). En ambos casos se deforma la imagen de Dios. Él es infinitamente misericordioso a la vez que es infinitamente justo.