Nos ha tocado vivir en una época donde las personas ya no creen por la simple autoridad de la Iglesia, es decir, ya no dicen “amén” a todas sus enseñanzas; cada vez más las personas exigen razones para creer, piden explicaciones y se atreven a poner en duda las enseñanzas que por siglos han hecho parte del depósito de nuestra fe, provenientes de la Divina Revelación.
Es por eso que los Cristianos tenemos el deber de formarnos y conocer a fondo nuestra fe, pues como nos lo dijo nuestro primer Papa, el apóstol San Pedro: estad “siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza” (1 Pe 3,15).