DIOS DESEA MOVERSE poderosamente en su vida. Sus planes para usted siempre están en progreso y en desarrollo. Él desea hablar con usted como alguien hablaría a un amigo. Así hablaba con Abraham. Debemos llegar al lugar donde estemos desesperados por Dios otra vez. Debemos comenzar a desearle a Él más que el alimento o la bebida. Seamos llenos del pan de la presencia en lugar de la basura de la religión.
El capítulo once del libro de Hebreos a menudo se denomina “el salón de la fe”, y comienza con las palabras: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). Algunas de las palabras alentadoras en la Biblia se encuentran en este libro. Se ha dicho que, después del nacimiento de Set a Adán y Eva, la gente comenzó a clamar al nombre del Señor (Génesis 4:26). Enoc nació muchos años después, y su vida fue un paso más adelante de solo clamar al nombre del Señor. Miles de años después de su partida de esta tierra, el escritor del libro de Hebreos dijo de él: “Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios” (Hebreos 11:5).
¿Qué había en Enoc que era diferente de sus antecesores? ¿Qué había en su vida que fuese tan agradable a Dios? La respuesta se encuentra en Hebreos:
Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. Hebreos 11:6