Dios no quiere que usted se preocupe. Él quiere tener el control de su vida y guiarle por los desafíos diarios. A medida que está ayunando y dándole a Dios su cuerpo, dele también su espíritu.
Alguien una vez me envió una semilla de mostaza de Israel. Solamente para poner las cosas en perspectiva, una semilla de frijol es unas cuatrocientas veces mayor que una semilla de mostaza, pero da solamente un pequeño arbusto. Por otro lado, una semilla de mostaza normal solamente tiene un milímetro de diámetro, pero crece hasta llegar a ser un pequeño árbol. las plantas de mostaza más comunes son perennes, vuelven a crecer año tras año y a desarrollar profundos sistemas de raíces cada estación.
Podría usted intentar desarraigar uno de esos pequeños árboles de la tierra, pero lo más probable es que se rompa el tronco, dejando a las raíces en la tierra para regenerar una planta nueva.
¡Ese es el tipo de fe que debemos tener! Jesús puso énfasis en lo grande que es nuestro Dios, no en lo grande que es nuestra fe. Con solamente una fe diminuta, como una semilla de mostaza, podemos mover montañas y nada será imposible.
Como cristianos, necesitamos dejar de medir nuestra fe por el tamaño del problema. En cambio, necesitamos comenzar a ver lo grande que es nuestro Dios. Necesitamos plantar esa semilla de fe—sin importar lo pequeña que sea—en cualquier montaña que esté en nuestro camino y creer que se moverá, porque Jesús dijo que así sucedería.
Cuando Pedro trató de caminar sobre el agua, dio solamente unos cuantos pasos quitó sus ojos de Jesús y tuvo temor de hundirse. Cuando comenzó a hundirse, Jesús lo levantó del agua y dijo: “Hombre de poca fe” (Mateo 14:31). Pedro tenía poca fe, porque eso fue lo que tomó para caminar sobre el agua. Si él pudo hacer eso solamente con una fe pequeña, ¡imagine lo que sucederá cuando esa fe aumente!