Nehemías 2:11-16 (La Palabra) Llegué a Jerusalén y estuve allí tres días. Me levanté de noche con unos cuantos hombres, sin comunicar a nadie lo que mi Dios me había inspirado hacer en Jerusalén. La única cabalgadura que había era la que yo cabalgaba. Salí de noche por la Puerta del Valle en dirección a la fuente del Dragón y a la Puerta del Muladar; inspeccioné las murallas de Jerusalén que estaban derruidas y también las puertas que habían sido devoradas por el fuego; me dirigí luego a la Puerta de la Fuente y al Estanque del Rey, pero no había modo de pasar con la cabalgadura. Así que, todavía de noche, subí por el torrente, examiné la muralla y volví a pasar por la Puerta del Valle, regresando a casa. No supieron las autoridades adónde había ido ni qué había hecho, pues hasta aquel momento nada había comunicado a los judíos: ni a los sacerdotes, ni a los nobles, ni a las autoridades, ni a los encargados de la obra. PENSAR: La historia de Nehemías tiene mucho que ver con nosotros, porque su tema es la reconstrucción. En estos tiempos tan difíciles para las iglesias y para todo el mundo, necesitamos escuchar esta porción de la palabra de Dios, porque Dios también nos llama hoy a la reconstrucción. Al arribar a Jerusalén, Nehemías tomó tres días para terminar de llegar, para aclimatarse, para tomar aire, para observar. Hizo un recorrido para inspeccionar las condiciones en que se encontraba la muralla. Antes de comenzar la reconstrucción era necesario hacer una evaluación, un diagnóstico. Se parece a nuestro momento como iglesias. Algunas están haciendo sus primeros intentos de tener reuniones presenciales, aunque la tormenta todavía no termina de amainar. Y muchos vamos a la reunión con el mismo propósito de Nehemías. Queremos ver cómo quedó la iglesia. Hacemos un recuento de los daños de la pandemia. ¿Qué tan destruida está nuestra muralla? El recorrido nos permite ver un panorama deprimente. Hay desolación y destrucción. Sin embargo, no debemos quedarnos sólo en la tristeza de la destrucción. Es cierto que se ha venido abajo lo que teníamos. Se derribó lo que habíamos construido con mucho esfuerzo, con mucha inversión de tiempo y recursos. ¡Con cuánto sudor y lágrimas habíamos logrado construir lo que teníamos! Sí, es posible que nos quedemos paralizados por la nostalgia, en vez de mirar hacia adelante. ¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo vamos a organizarnos para la reconstrucción? ¿Cómo podemos revitalizar los distintos ministerios, las tareas de la iglesia, los grupos pastorales, las actividades que le dan forma a nuestra misión? Estamos evaluando la muralla destruida, dando una vuelta a Jerusalén junto con Nehemías. Y estamos viendo de primera mano el estado en el que nos ha dejado la pandemia. Hagamos la evaluación del daño, pero sin quedarnos atorados en la tristeza. ORAR: Espíritu Santo, guíanos en el camino de la reconstrucción. Amén. IR: “Yo sé que el Señor tomará la causa del afligido y el derecho de los necesitados”.