Empiezo por advertir que no tengo nada contra las bicis. Que estoy convencido de que en ese vehículo de tracción humana puede estar la solución a los problemas del transporte y la congestión en las grandes ciudades. Que son un alivio para la contaminación ambiental y auditiva.
Pero también estoy convencido de que, como en todo lo que metemos mano los humanos, se necesitan normas claras, conocidas por todos y una autoridad que las haga cumplir. Y cuanto antes mejor…