Una vida feliz, plena y llena de esperanza nunca proviene de la casualidad ni es el resultado de la suerte o el azar. Más bien, una vida abundante tiene lugar cuando hay convicciones sanas y firmes en nuestro corazón.
Si usted anhela una vida plena, llena de gozo y esperanza, haga un alto en el camino, cave profundo y ponga los cimientos firmes de la convicción. Puede que usted se esté preguntando, “pero, ¿cuáles son los fundamentos y cimientos que me guiarán a la felicidad?” Es muy sencillo.
Aquella persona que se para firme en las convicciones de la Palabra de Dios es la que podrá gozar de bienestar y esperanza. Por lo tanto, lo que más necesitamos el día de hoy es reflexionar en Dios, en su persona y carácter; pues precisamente allí se encuentran las convicciones que traen felicidad a nuestro corazón.