La vida cristiana así como el cristianismo en sí, no se basan en las emociones o sensaciones superficiales, sino en las convicciones. Por esta razón, los hijos de Dios son personas de convicción y certeza firme.
Nuestra convicción es el Dios de la Biblia, quien es un Dios de amor, un Dios bueno y un Dios que da descanso y paz en el alma. Como cristianos, debemos aprender a desarrollar las convicciones de la Palabra de Dios en nuestro corazón para que lleguemos a tener una vida espiritual fuerte.
Así como un árbol necesita las raíces, el creyente necesita tener convicciones. La Biblia nos advierte que: “El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos”. El “doble ánimo” aquí es indecisión. Quien no tiene convicción, tambalea. Por tanto, abracemos nuevas convicciones en Dios.