En la homilía de hoy, el Padre Javier Rivas, SDB, nos explica que, en las lecturas de hoy, se nos presentan dos personajes: Abraham y el leproso. Ambos nos dan una enseñanza de plena confianza en Dios. En el caso del leproso, era una persona denigrada, que quedaba apartado de todos, marginado; no sólo se le consideraba enfermo por la lepra, sino también impuro espiritualmente y, a pesar de ello, reconoció a Jesús y se postró ante Él.
"Señor, si quieres puede curarme", una breve oración que cada uno de nosotros deberíamos repetir cada día; no sólo por una enfermedad física, sino también espiritual. Sobre todo por aquello que no podemos lograr por nosotros solos, para aquello que nos falta voluntad. Y Jesús estiró su mano y lo curó.
Eso es lo que Dios quiere; Él nos quiere felices, nos quiere sanos.