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Dios nunca llega tarde: su tiempo es perfecto y confiar en su carácter nos permite esperar sin desesperarnos, aun cuando no entendamos el proceso.
La espera no es castigo sino formación; mientras Dios obra en lo invisible, nuestra fe crece y aprendemos a vivir en confianza y no en control.
By Jessica Dugand5
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Dios nunca llega tarde: su tiempo es perfecto y confiar en su carácter nos permite esperar sin desesperarnos, aun cuando no entendamos el proceso.
La espera no es castigo sino formación; mientras Dios obra en lo invisible, nuestra fe crece y aprendemos a vivir en confianza y no en control.