Nadie puede ser santo después de muerto. Ningún líder o religión puede hacer santo a nadie; Dios es el que santifica cuando se confiesa los pecados, en quebrantamiento. Es necesario entregar la vida a Dios, arrepentirse y pedir perdón sincero de todos los pecados. En ese momento, empieza el proceso creciente de Santificación, con la compañía y ayuda de Dios; que es omnipresente.