Cuando los Predicadores llevan la Palabra de Dios, en humildad y llenos del Espíritu Santo; el diablo y los demonios fugan, los endemoniados son liberados y los enfermos son sanados. El General Naamán estaba leproso y se zambulló, en obediencia al humilde profeta Eliseo: siete veces en las aguas del río Jordán. Recibió su sanidad: reconociendo al Dios de Israel, como el verdadero.