No tienes ganas, y está bien, pero eso no cambia lo que tienes que hacer. El problema es que te has acostumbrado a depender de cómo te sientes para decidir cómo actúas, y así nunca vas a avanzar. Porque la motivación es inestable, hoy está, mañana no. Y si tu vida depende de eso, tu progreso será igual de inestable.