Tras conquistar el Imperio Persa y llegar hasta donde ningún griego había llegado antes, Alejandro Magno afrontaba la difícil decisión de adentrarse en el casi legendario subcontinente Indio o volver y asentar sus conquistas.
El joven rey estaba resuelto a continuar, pero sus tropas, agotadas tras años de campañas militares querían regresar a sus hogares y disfrutar del botín de guerra.
Alejandro pronunció su célebre discurso en el río Hidaspes para tratar de convencerles.