En esta casida, el maestro de poetas, Federico, nos habla de una mujer tendida en su lecho.
Probablemente después de haber llevado a cabo el acto amoroso con su amado, que la contempla embelesado por la belleza infinita del cuerpo femenino.
Lo compara con la belleza de la tierra y la naturaleza.
Y como consecuencia de la pasión vivida, en el vientre de la mujer se da una lucha de raíces que son el signo indefinible de la fertilidad femenina.