En esta casida, el maestro de poetas, Federico, se ve a sí mismo como si ya estuviera cerca el día de su muerte y en su delirio ve en las ramas del laurel de su huerta, dos palomas a las que pregunta donde descansará eternamente.
Ya está con la tierra por la cintura y en su visión las palomas se convierten en águilas y estas a su vez en una muchacha desnuda.