Si observamos al Dios del Antiguio Testamento y lo comparamos con el Dios del Nuevo Testamento, podríamos decir que algo pasó con el carácter de Dios, porque en el A.T. encontramos a un Dios implacable y temerario con Su pueblo, pero en el N.T. vemos a un Dios más misericordioso.
Lo que aprendemos de esto es que Dios es el mismo pero que ahora nos ofrece un nuevo Pacto mediante la obra redentora de Cristo para la humanidad entera.