Nosotros como humanos no tenemos la capacidad para olvidar las ofenzas que recibimos, pues aunque logremos perdonar, el recuerdo del daño no se borra de nuestra memoria.
Por otro lado, tendemos a olvidar cuando nos han hecho bien y no somos agradecidos con quienes nos ayudan.
Pero Dios es capaz de perdonar y olvidar por completo nuestros pecados, cuando nos arrepentimos de corazón.
Por otro lado, Dios nunca olvida todas nustra buenas acciones y nuestro servicio hacia su obra y hacia los demás.