El aposto Pablo escribe su última carta a Timoteo al final de su carrera, sabiendo que pronto será sacrificado.
En ese momento entiende que siempre vivió con la esperanza de ver al Señor en su segunda venida, pero que finalmente se reunirá con Jesús aunque no sería como lo esperaba.
La iglesia de hoy no debe perder esa esperanza que mantuvo a los discípulos con esa espectativa.