Para conseguir el amarillo el pintor holandés Veermer usaba un pigmento que se llamaba amarillo indio y que desde el siglo XV se obtenía en la India a partir de la evaporación de la orina de las vacas. No valía la orina de cualquier vaca, sólo aquellas que habían recibido una alimentación a base de hojas de mango y agua.
A comienzos del siglo XX este pigmento fue prohibido, no por el olor nauseabundo que desprendía, sino porque una alimentación tan precaria, a base de mango y agua, minaba la salud de las vacas.
Hablando de vacas hindúes. En esta cultura las vacas cebú son sagradas y el que mata una vaca además de tener problemas con la justicia recibirá el premio del castigo eterno, ya que cuando se muera se reencarnará en un demonio