El 9 de octubre de 1876 se produjo un hito en la historia de la ciencia: dos hombres fueron capaces de hablar en la distancia a través de un alambre. De ahí al móvil sólo fue cuestión de tiempo.
Uno de estos dos hombres, el más avispado, patentó el invento y lo llamó teléfono. Su nombre quedaría ligado para siempre a este aparato del diablo: Alexander Graham Bell.
Este científico realizó numerosas aportaciones en el campo del sonido y en su honor a la medida usada en acústica para medir la intensidad de los sonidos se la llamó belio. El belio es una unidad demasiado pequeña y, por lo tanto, incómoda. Por ese motivo habitualmente se emplea una unidad diez veces mayor: el decibelio (Db).