El día de hoy, Dios nos invita a escuchar su voz y a seguirla. Ciertamente, en esta vida podemos ser movidos o por la voz de Dios o por la voz de este mundo. Cada persona debe tomar su propia decisión al respecto de cuál voz escuchará y seguirá.
Aquellos que sigan la voz de Dios tienen la garantía de que Él, quien es bueno, fiel y justo, les llevará por una senda apacible y llena de paz. Sin embargo, quienes opten por la voz de este mundo, estarán por su cuenta.
Si el día de hoy nos sentimos confundidos, agobiados y perdidos, hagamos un alto en el camino, doblemos nuestras rodillas y busquemos la amorosa voz del Señor. Él nos indicará el camino y renovará nuestras fuerzas. La confusión y la amargura perduran hasta que la voz de Dios interrumpe el silencio.