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Tommaso Cogato siempre quiso ser pianista. Comenzó su formación en el Conservatorio de Vicenza, en la región de Veneto, al norte de Italia, y la cocluyó en Monopoli, al sur, en esa Italia de Felini llena de bulla, ruido y color. Una trayectoria inversa a la que suelen trazar los italianos. El maestro Joaquín Achúcarro lo ha considerado como uno de sus mejores alumnos. Y, fiel a su doctrina, imparte un magisterio que descuartiza al milímetro cada partitura, desmoronando su arquitectura hasta crear un arte que convence por su precisión, refinamiento y pulcritud, persiguiendo siempre la belleza. Fuera del piano le cuesta encontrar verdades en un mundo tan desbordado de información. Quizá por eso, cuando toca, lo olvida todo.
By Qwerty podcastTommaso Cogato siempre quiso ser pianista. Comenzó su formación en el Conservatorio de Vicenza, en la región de Veneto, al norte de Italia, y la cocluyó en Monopoli, al sur, en esa Italia de Felini llena de bulla, ruido y color. Una trayectoria inversa a la que suelen trazar los italianos. El maestro Joaquín Achúcarro lo ha considerado como uno de sus mejores alumnos. Y, fiel a su doctrina, imparte un magisterio que descuartiza al milímetro cada partitura, desmoronando su arquitectura hasta crear un arte que convence por su precisión, refinamiento y pulcritud, persiguiendo siempre la belleza. Fuera del piano le cuesta encontrar verdades en un mundo tan desbordado de información. Quizá por eso, cuando toca, lo olvida todo.