Nos hace sentir mal desde la primera vez y pronto aprendemos a trasladársela a otros. Es la culpa, la cara indeseable de la responsabilidad. Nos gusta sentirnos responsables de lo agradable, pero no de lo equivocado que podemos estar. A veces somos los jueces más benévolos con nosotros mismos, y otras los más dañinos. En ocasiones solo el vernos señalados por otro nos hace sentirnos culpables. Confesar las culpas puede traernos el perdón o, por el contrario la duda y la incomprensión. Todos tenemos algo vergonzante que preferimos ocultar. Todos hemos confiado en que nadie se enterara de aquello que ojalá no hubiéramos hecho. Todos hemos dudado si permitir que otro cargara con nuestra culpa. Todos hemos sentido alivio al reconocer un error. ¿Con qué culpa cargas tú?
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