Nuestra vida en la tierra debe ser contada por días. Es pasajera e incierta y con poco a qué aficionarse o en qué depender. Volvamos a Dios, confiemos en su misericordia por medio de Jesucristo y sometámonos a su voluntad. Entonces pronto nos deslizaremos a través de este mundo de aflicción, y nos hallaremos en ese lugar donde hay plenitud de gozo y deleites para siempre.