La reputación de piedad y honestidad es más deseable que toda la riqueza y el placer de este mundo. Es mejor ir a un funeral que a una fiesta. Podemos ir a ambas, según haya ocasión; nuestro Salvador festejó en la boda de su amigo de Canaán y lloró en la tumba de su amigo de Betania. Sin embargo, considerando cuán dados somos a ser vanos y dar el gusto a la carne, mejor es ir a la casa del luto para aprender el fin del hombre en este mundo.