SOBRE PLANTAS NATIVAS https://www.youtube.com/watch?v=9Y10aMQmTgQ
CONICET, MAR Y FALTA DE FONDOS https://periferia.com.ar/politica-cientifica/por-el-ajuste-los-cientificos-del-streaming-del-conicet-no-pueden-analizar-las-muestras-que-obtuvieron-en-el-mar-argentino/
FAUNA Y LEYES https://comercioyjusticia.info/justicia/buscan-que-el-atropellamiento-de-fauna-silvestre-sea-delito-penal/
EL AGUA EN LA PROVINCIA DE LOS BONAERENSES
Un reciente estudio, “Ambientes hidrogeológicos de la Provincia de Buenos Aires” de Miguel P. Auge (2022), nos ofrece un panorama tan claro como preocupante sobre el agua subterránea. El mapa hidrogeológico provincial está dividido en nueve ambientes distintos -noreste, deprimido, noroeste, serrano, interserrano, costero, norpatagónico, cuenca Bahía Blanca y delta-, cada uno con características propias de recarga, calidad y vulnerabilidad. El agua que se bebe en Lincoln no es la misma que en La Plata, y los riesgos que enfrenta Bahía Blanca no se parecen a los de Dolores.
Pese a esta diversidad, la Provincia gestiona el agua como si fuera un recurso homogéneo. La Autoridad del Agua (ADA, que actúa como autoridad de aplicación de la Ley provincia N° 12.257), es el organismo provincial de control, aunque carece de los recursos técnicos y políticos para fiscalizar perforaciones, controlar la extracción o monitorear la calidad de los pozos:
a) Falta de personal técnico y operativo: muchos municipios denuncian que ADA no realiza inspecciones periódicas ni controla efectivamente los vuelcos de efluentes industriales o cloacales.
b) Infraestructura limitada: aunque se han incorporado herramientas como drones para relevamientos puntuales, no hay una red de monitoreo continuo ni capacidad para fiscalizar en tiempo real.
c) Desarticulación institucional: la coordinación con ABSA (empresa operadora del servicio) y otros entes locales suele ser deficiente, lo que genera superposición de funciones o zonas sin vigilancia efectiva.
d) Presupuesto acotado: la dependencia de tasas y cánones, muchas veces impagos o mal liquidados, limita la capacidad de ADA para sostener equipos técnicos y operativos.
En el AMBA, el abastecimiento depende de AYSA, con grandes plantas potabilizadoras que toman agua del Río de la Plata. En la región extra-AMBA, el servicio queda en manos no solamente de la operadora de agua ABSA (95 localidades de la Provincia de Buenos Aires en 53 municipios), también de cooperativas locales, que perforan acuíferos y distribuyen el agua con limitadas capacidades técnicas y financieras.
La consecuencia es una desigualdad estructural: mientras los habitantes del conurbano tienen acceso a agua potabilizada, en muchos pueblos bonaerenses el consumo cotidiano proviene de napas con arsénico, nitratos o salinidad por encima de lo recomendado por la OMS.
El informe de Auge documenta con precisión los factores de riesgo. En gran parte de la pampa deprimida, las napas presentan salinidad elevada. En otras regiones, la presencia de arsénico supera los valores permitidos. A estos problemas naturales se suma la contaminación antrópica: agroquímicos, residuos industriales, cloacas ausentes o insuficientes, y expansión urbana sin planificación.
La vulnerabilidad es alta porque muchos acuíferos carecen de capas impermeables protectoras. Cualquier contaminante superficial puede infiltrarse rápidamente hacia las reservas de agua subterránea. Sin un control riguroso, los riesgos de degradación del recurso son crecientes.
Las cooperativas de servicios públicos han sido históricamente la respuesta comunitaria frente al vacío provincial. Pero su accionar es desigual: algunas cuentan con plantas de ósmosis inversa (Dorrego, Navarro, Daireaux), mientras otras apenas cloran el agua y distribuyen lo que hay, sin capacidad para remover arsénico ni tratar salinidad.
Los intendentes, por su parte, suelen evitar el tema: admitir que el agua local es de mala calidad significa enfrentar costos políticos. Así, la respuesta habitual es el silencio o la promesa vaga de gestiones futuras. En este vacío, las comunidades quedan libradas a su suerte. No existe aún un plan maestro provincial que aborde el arsénico como problema estructural y garantice agua segura en todo el territorio. Las soluciones son fragmentarias, aisladas y dependen de gestiones puntuales.
La mayor falencia no es técnica, sino política. Existe conocimiento científico sólido -como el que aporta el trabajo de Auge-, pero la dirigencia bonaerense carece de una estrategia integral. El agua subterránea no aparece en los planes de desarrollo provincial, no se gestiona por cuencas ni se establecen prioridades claras de inversión. La ignorancia sobre el tema es funcional: evita asumir costos de largo plazo, aunque condena al interior bonaerense a un deterioro constante.
El agua sostiene la vida cotidiana de millones de bonaerenses y la producción agrícola que alimenta al país. Pero al no estar a la vista, no moviliza la atención política ni mediática. Es, en palabras de Auge, una frontera invisible. Y, sin embargo, allí se juega el futuro mismo de la provincia.
Sin agua segura no habrá repoblamiento de la región extra-AMBA, ni diversificación productiva, ni arraigo poblacional. Los pueblos seguirán perdiendo habitantes y el conurbano seguirá sobrepoblándose. Es urgente que los bonaerenses comprendamos la importancia geopolítica del agua: gestionar, proteger y planificarla como lo que es, un patrimonio colectivo y un límite natural al desorden y caos político.
Luis Gotte
la trinchera bonaerense
Desde la comunidad de Mar del Plata