En abril de este año las elecciones presidenciales ecuatorianas las ganó Lenín Moreno del que se pensaba que iba a ser una marioneta manejada por Rafael Correa. Pues bien, no está siendo así. Moreno y su mentor llevan seis meses a la gresca y su ruptura ya es absoluta y seguramente irreversible. El nuevo presidente ha sometido a la gestión de su predecesor a una insólita auditoría y está poniendo los cimientos para que lo que conocemos como correísmo desaparezca, empezando por el propio Correa, cuya carrera política podría estar ya amortizada.
Más en diazvillanueva.com