Edén representa el lugar de origen del ser humano: la presencia de Dios.
Fuimos creados para vivir conectados a Él, y solo desde esa conexión podemos cumplir nuestro propósito. A través de la adoración, generamos nuevamente ese Edén perdido: un momento, en un lugar, donde la presencia de Dios abre una puerta en el cielo.
Edén representa el lugar de origen del ser humano: la presencia de Dios.
Fuimos creados para vivir conectados a Él, y solo desde esa conexión podemos cumplir nuestro propósito. A través de la adoración, generamos nuevamente ese Edén perdido: un momento, en un lugar, donde la presencia de Dios abre una puerta en el cielo.