La fe que nunca incomoda al poder termina, tarde o temprano, sirviendo al poder. Y la iglesia que renuncia a su responsabilidad moral podrá conservar tranquilidad, pero habrá perdido su voz.
La fe que nunca incomoda al poder termina, tarde o temprano, sirviendo al poder. Y la iglesia que renuncia a su responsabilidad moral podrá conservar tranquilidad, pero habrá perdido su voz.