Desde la fe cristiana se debe evitar reprimir o amenazar a la persona, recordando que la misericordia siempre es mayor que la justicia. No se debe juzgar a las personas sin conocer las interioridades de su experiencia. Quien habla o intenta un suicidio es porque enfrenta un sufrimiento que no siempre es fácil de comprender. El subestimarlo o ridiculizarlo solo aumenta la ansiedad de la persona. Sobre todas las cosas se debe hacer un esfuerzo sincero por procurar su bienestar emocional.