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“Tengo un don para el fuego”, arranca su editorial Marta Dillon, mientras recuerda el Mocase en Santiago del Estero, cuando se defendía la tierra del desmonte contra el avance de la frontera agropecuaria y este calor que sentimos en pleno invierno que no es una buena señal, ¿Vamos a seguir evitando hablar sobre la calentura del mundo y cómo eso afecta a quienes menos tienen?
Las noticias uruguayas que no entran en el cuerpo, los granos de arena de aportamos que nada alcanzan. La idea del fin está tan cerca y a la vez tan lejos, mientras tanto ¿hay algo más que podemos hacer? se pregunta Marta y responde con un “sí”. La impotencia de pensar que no podemos hacer nada contra el calentamiento global y el saqueo. Al menos fantaseeamos con revoluciones porque la rabia y el deseo es un deber de este tiempo y tienen que ir juntos.
By Pasamos Todes“Tengo un don para el fuego”, arranca su editorial Marta Dillon, mientras recuerda el Mocase en Santiago del Estero, cuando se defendía la tierra del desmonte contra el avance de la frontera agropecuaria y este calor que sentimos en pleno invierno que no es una buena señal, ¿Vamos a seguir evitando hablar sobre la calentura del mundo y cómo eso afecta a quienes menos tienen?
Las noticias uruguayas que no entran en el cuerpo, los granos de arena de aportamos que nada alcanzan. La idea del fin está tan cerca y a la vez tan lejos, mientras tanto ¿hay algo más que podemos hacer? se pregunta Marta y responde con un “sí”. La impotencia de pensar que no podemos hacer nada contra el calentamiento global y el saqueo. Al menos fantaseeamos con revoluciones porque la rabia y el deseo es un deber de este tiempo y tienen que ir juntos.