Hay voces que no nacen del infierno… sino de una infancia rota. Edmund Emil Kemper, el “asesino de colegialas”, fue el producto de una combinación letal: una mente brillante y una niñez moldeada por el desprecio.
Hay voces que no nacen del infierno… sino de una infancia rota. Edmund Emil Kemper, el “asesino de colegialas”, fue el producto de una combinación letal: una mente brillante y una niñez moldeada por el desprecio.