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En ocasiones toda una familia es partidaria del mismo equipo de futbol. Es así que resulta posible ver en un estadio al padre, la madre y los hijos vistiendo idénticos colores. Este amor futbolero puede ser heredado: el padre le contagia al hijo la pasión por esa camiseta defendida en las buenas y las malas a lo largo de toda una vida.
Sin embargo, también sucede lo contrario: familias que dividen su apoyo entre dos o más equipos. “El cuadro del Raulito”, del escritor Eduardo Sacheri (1967). El relato nos presenta a un hombre aficionado de Huracán. Acostumbrado a las decepciones futboleras, que incluyen un descenso, este hincha siempre pensó que su hijo, el Raulito, sería el compañero ideal para juntos consolarse de las derrotas y gozar las escasas victorias que el cuadro bonaerense le brinda. Pero, el ahora adolescente, influido por tíos, primos, amigos y vecinos que le regalan camisetas y demás artículos alusivos y le hablan de la historia y figuras de la institución, se declara fanático de River Plate.
Aunque contrariado por la decisión del Raulito, el hombre la respeta. Además, piensa que su hijo merece disfrutar de un cuadro ganador que le dé muchas más alegrías que las que Huracán podría. Después de todo, piensa el protagonista, irle a equipos diferentes no les impedirá compartir momentos juntos en el estadio de uno u otro club, además de que el amor común por el balón permanece intacto.
By Hernán Castro BalbiEn ocasiones toda una familia es partidaria del mismo equipo de futbol. Es así que resulta posible ver en un estadio al padre, la madre y los hijos vistiendo idénticos colores. Este amor futbolero puede ser heredado: el padre le contagia al hijo la pasión por esa camiseta defendida en las buenas y las malas a lo largo de toda una vida.
Sin embargo, también sucede lo contrario: familias que dividen su apoyo entre dos o más equipos. “El cuadro del Raulito”, del escritor Eduardo Sacheri (1967). El relato nos presenta a un hombre aficionado de Huracán. Acostumbrado a las decepciones futboleras, que incluyen un descenso, este hincha siempre pensó que su hijo, el Raulito, sería el compañero ideal para juntos consolarse de las derrotas y gozar las escasas victorias que el cuadro bonaerense le brinda. Pero, el ahora adolescente, influido por tíos, primos, amigos y vecinos que le regalan camisetas y demás artículos alusivos y le hablan de la historia y figuras de la institución, se declara fanático de River Plate.
Aunque contrariado por la decisión del Raulito, el hombre la respeta. Además, piensa que su hijo merece disfrutar de un cuadro ganador que le dé muchas más alegrías que las que Huracán podría. Después de todo, piensa el protagonista, irle a equipos diferentes no les impedirá compartir momentos juntos en el estadio de uno u otro club, además de que el amor común por el balón permanece intacto.