Nehemías 8:11-15 (La Palabra)
Los levitas tranquilizaban a todo el pueblo diciendo: — ¡No lloren ni se entristezcan! Este es un día consagrado. Se retiró todo el pueblo a comer y a beber; invitaron a otros y dieron muestras de una gran alegría porque habían entendido las palabras que les habían enseñado. Al día siguiente se reunieron los cabezas de familia de todo el pueblo, los sacerdotes, los levitas y el escriba Esdras para profundizar en las palabras de la ley. Y en la ley promulgada por Moisés encontraron escrito que los israelitas debían habitar en cabañas durante la fiesta del séptimo mes y que, por tanto, debían hacer correr la voz por Jerusalén y por todas sus ciudades para que salieran al monte y trajeran ramas de olivo y de acebuche, de mirto, de palmeras y de otros árboles frondosos para hacer cabañas, según lo prescrito.
PENSAR: La fiesta consistía en tener que vivir por una semana afuera de la comodidad de la casa, en el patio, la terraza, la plaza pública, bajo techitos hechos de ramas, para experimentar lo que el pueblo vivió en el desierto: que su vida depende de Dios. No depende de la comodidad de la recámara, la refrigeradora, la alacena, o del grifo de agua. Así sólo damos por sentado que los recursos vitales son nuestros, y eso es una mentira.
La fiesta de los tabernáculos tenía como finalidad que el pueblo recordara que todo lo tenemos por gracia. Redescubrir, recuperar y comprender las Escrituras tiene efectos tremendos en la vida. El primero es concebir la vida como una celebración en generosidad. Se han dado cuenta que lo que se describe en las Escrituras es muy diferente a lo que están viviendo, y eso los ha entristecido, pero los maestros les dicen: “¡No se entristezcan! ¡Alégrense, y celebren la fiesta del Señor!” Debían hacer manjares deliciosos para compartir generosamente. Debían invitarse unos a otros y compartir la maravillosa bendición de ser pueblo de Dios. Cuando se comparte con generosidad siempre hay abundancia, y hasta sobra. Conocer las Escrituras es una invitación a la generosidad. No se puede andar en los caminos del Señor y ser tacaño o egoísta. La falta de generosidad no concuerda con el carácter del Dios que se revela en las Escrituras. Dice la canción: “Dios nos ha salvado y no podemos ser egoístas”.
El segundo efecto es la confianza en humildad. Vivir fuera de la casa por una semana implica reconocer que todo lo que tenemos nos viene de Dios. Sustento y abrigo, todo es por gracia. ¿Qué seríamos sin la gracia de Dios? En el ministerio, en la vida como padres y madres de familia, como hermanos y hermanas, miembros de una iglesia, como seres humanos, nuestra vida sería una desgracia si no reconociéramos que todo es por gracia de Dios. Perdón y liberación de la culpa, pero también la posibilidad de conocerle, servirle y amarle, con todas nuestras limitaciones y errores, somos lo que somos por la gracia de Dios. La fiesta de conocer a Cristo es la fiesta de la gracia de Dios. Toda la vida debe vivirse así, en celebración de la gracia y el perdón de Dios, con generosidad y humildad, porque todo lo que nos sostiene con vida y salud proviene de Dios.
ORAR: Señor, enséñanos a vivir hoy con generosidad y confianza la fiesta de conocerte. Amén.
IR: Nuestra manera de vivir debe testificar del gran amor de Dios por su mundo.