El hombre y la mujer de Dios tienen que ser santos: no son chismosos, no mienten, no levantan falso testimonio, viven en santidad: son irreprensibles, dignos de respeto. Tratan de agradar a Dios a lo mximo; que es lo ms importante. No hacen cosas ilegales, ni son tropiezo para nadie. Reconocen sus faltas y respetan a las autoridades: El rebelde no tiene xito en la Obra de Dios.