En el siglo XVIII, la materia prima principal para el papel era la fibra vegetal como la de lino textil, pero una escasez de fibras vegetales hizo que se experimentara con nuevos materiales. Alrededor de 1845, el maquinista e inventor alemán Friedrich Gottlob Keller logró en forma exitosa la producción de pulpa de celulosa triturando madera en presencia de agua. Las posteriores investigaciones del químico estadounidense Benjamin Chew Tilghman, quien logró en 1867 una patente 1 por el uso de bisulfito de calcio en el proceso de obtención de pulpa, y de su colega alemán Carl Ferdinand Dahl, en 1887,23 con la invención del proceso Kraft permitieron la mejora del proceso. Esto permitió un gran abaratamiento del papel, lo que redundó en un aumento de la circulación de revistas de bajo costo, conocidas en idioma inglés como pulps.