Tomando como propios unos viejos túneles debajo de la estación cabecera del ferrocarril Roca, chicos marginales, hombres y mujeres resignados a la pobreza se sumergieron en aquel mundo clandestino. Todos ellos conforman la fauna de un lugar misterioso y oscuro, que subsiste entre el concreto de sus paredes y la humedad de sus pisos cubiertos por charcos.
Los túneles de Constitución abarcan todo la superficie de la terminal y se extienden 300 metros más por debajo de las vías. Ya en la década del 70 la utilización del ferrocarril ya no fue provechosa y comenzó a caer en desgracia. Carreteras y aviones dejaron a los convoyes en un segundo plano. Ante el nuevo panorama, el movimiento dentro de la estación ya no resultó el mismo y, poco a poco, estos túneles fueron quedando en el olvido. Hasta que, en 1989, finalizó la actividad de aquel subsuelo.