La biblia considera que un feto es un niño aun por nacer, un ser humano planeado que Dios está formando a partir del momento de la concepción. Siendo este el caso, realmente no importa lo que diga la jurisprudencia humana o qué tan social o políticamente aceptable sea el aborto. La ley de Dios tiene prioridad. Una madre que decide abortar su hijo está tomando una decisión unilateral para poner fin a la vida de otra persona, y esa ha sido y siempre será la definición de homicidio.