Creo que de las agresiones más grandes contra nosotros mismos está la de ocultar nuestros talentos. Porque una cosa es no ser conscientes de ellos, pero otra es tenerlo claro y aún así, optar por ignorarlos o negarlos por miedo a lo que puedan pensar los demás. Yo lo viví mucho tiempo, y aún a veces me sorprendo tapando mi luz para no incomodar. Aquí te cuento un poco más...