Es fácil caer en el autoengaño cuando estamos inmersos en la cultura del trabajo duro. Nos decimos a nosotros mismos que debemos trabajar más, que necesitamos ese ascenso o ese aumento de sueldo para poder vivir mejor, y que no podemos permitirnos un momento de descanso. Pero, ¿qué pasa cuando ese esfuerzo se convierte en una obsesión?