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En el ayuno, el alma aprende a escuchar, a descansar y a menguar para que Dios hable. Nos vacía de lo que distrae y nos vuelve sensibles a Su Palabra. Al soltar lo externo, el corazón escucha mejor, y en esa quietud aprendemos a reconocer lo que Dios quiere decirnos.
By Convivencia Cristiana de Oaxaca5
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En el ayuno, el alma aprende a escuchar, a descansar y a menguar para que Dios hable. Nos vacía de lo que distrae y nos vuelve sensibles a Su Palabra. Al soltar lo externo, el corazón escucha mejor, y en esa quietud aprendemos a reconocer lo que Dios quiere decirnos.